
El método Montessori se caracteriza por proveer un ambiente preparado: ordenado, estético, simple, real, donde cada elemento tiene su razón de ser en el desarrollo de los niños. El aula Montessori integra edades agrupadas en períodos de 3 años, lo que promueve naturalmente la socialización, el respeto y la solidaridad.
El ambiente preparado ofrece al niño oportunidades para comprometerse en un trabajo interesante, elegido libremente, que propicia prolongados períodos de concentración que no deben ser interrumpidos. La libertad se desarrolla dentro de límites claros que permite a los niños convivir en la pequeña sociedad del aula.
Los niños trabajan con materiales concretos científicamente diseñados, que brindan las llaves para explorar el mundo y para desarrollar habilidades cognitivas básicas. Los materiales están diseñados para que el niño pueda reconocer el error por sí mismo y hacerse responsable del propio aprendizaje.
El adulto es un observador y un guía; ayuda y estimula al niño en todos sus esfuerzos. Le permite actuar, querer y pensar por sí mismo, ayudándolo a desarrollar confianza y disciplina interior.
La educación Montessori cubre todos los períodos educativos desde el nacimiento hasta los 18 años brindando un currículo integrado.
Durante mucho tiempo pensaba esto no funcionaría con mi hija.
Yo misma, cuando empecé a integrar esto en casa con mi hija, recuerdo que traté de adaptar una zona para que ella solita decidiera que actividad realizaría el día a día, le dejaba a la mano pinturas, plastilina, foami, libros, tablas didácticas, etc.; así ella misma erigiría su actividad del día y yo estaría a su lado instruyéndola y apoyándola.
Mi hija, que tiene dos añitos le hizo mucha ilusión (claro esta que este método Montessori se lo comencé a implementar desde los 18 meses). Pues bien, 5 minutos más tarde teníamos desorden de materiales por todas partes, menos en su mesita. Pero recuerden que la idea es dejarlos ser, dejar se expresen y sean ellos mismos, no obligarlos a ser lo que nosotros queremos.
Entonces es muy típico pensar: MONTESSORI CON MI HIJO NO FUNCIONA.
Y es que cuando quieres construir una casa y empiezas por el tejado lo que suele pasar es que la casa se cae. Lo mismo pasa aquí.
En una etapa en la que los niños van a forjar las bases de su seguridad o inseguridad en la vida, tener un ambiente preparado en casa no sólo es importante, sino que es fundamental.
Lamentablemente muchas personas piensan que es sólo una moda, que no tiene importancia que el niño decida su actividad diaria o no. Ya le quedará tiempo de escogerla durante toda la vida, hay cosas más importante, no podemos estar esperando a que escoja y además va a poner todo perdido.
Estos pensamientos surgen porque estamos demasiado desconectados de los niños, priorizamos nuestras necesidades adultas y no somos tampoco conscientes de cómo funciona el desarrollo humano.
Y cuando, a pesar de todo esto, decides adaptar su espacio porque lo has visto en Pinterest o en Instagram y te ha parecido una idea muy "cuqui" quizá vas pensando que va a ser magia: "oye, ha sido poner su espacio adaptado y automáticamente mi hija de dos años se va sentar escoger pintar con su vinilos y no va hacer reguero ni desorden. Ha venido a la mesa y se ha sentado a comer". Pues no, malas noticias, esto no es magia, esto no funciona así. Otro extremo sería adaptar el espacio y cuando el niño va a hacer uso de él saltar enseguida "cariño, así no se hace. Ten cuidado que lo pones todo perdido...." Pues no, tampoco funciona así.
TÚ ERES LA PIEZA CLAVE DEL AMBIENTE
Preparar un ambiente adaptado al niño es fundamental para que sienta que puede conseguir lo que se proponga, pero no es menos importante el acompañamiento que tú hagas. Tú eres la pieza clave de ese ambiente.
De cómo acompañemos nosotros, de nuestra energía, de nuestra presencia, de nuestro buen o mal humor, de nuestra confianza o desconfianza, de nuestra espera o de nuestra impaciencia va a depender que Montessori funcione o no.
Por tanto, los cimientos de esta estructura pasan por poner el foco en ti, y no en el niño.
Todo esto es lo que trabajamos de una forma práctica en nuestro espacio Montessori: cómo nos relacionamos con el mundo, cómo acompañar, cómo saber qué necesita nuestro hijo, descifras qué hay detrás de su comportamiento y acompañarles desde la empatía sin gritos, sin amenazas, sin castigos.
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